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«He buscado el sosiego en todas partes, y sólo lo he encontrado sentado en un rincón apartado, con un libro en las manos».

Thomas de Kempis (1380-1471) Teólogo alemán.

 

En la memoria y en el corazón de cualquiera de nosotros, ocupa un lugar esencial una imagen y una sensación cálida y placentera: la de leer un texto interesante en un libro armónico y en un entorno evocador.

Igual que el olor de una magdalena evoca en Proust numerosas emociones, el recuerdo de un libro puede hacernos revivir un cúmulo de sensaciones que percibimos a través de distintos sentidos: su aroma, su tacto, su diseño, sus ilustraciones…

Y es que un libro bien editado  puede ofrecernos una belleza que trasciende y complementa la de los textos que encierra. Un diseño que trasmite armonía o unas ilustraciones o tipografías que aúnan elegancia y legibilidad, contribuyen sin duda a que el placer de leer se convierta en un auténtico deleite.

Desde la antigüedad hasta nuestros días; desde Cicerón a J. K. Rowling, no sólo literatos, sino profesionales de disciplinas muy diferentes, se han referido al placer que proporcionan los libros y han evocado esos momentos únicos en los que se convierten en una compañía que nos hace olvidar malos ratos y preocupaciones.

Sensaciones inigualables como abrir las primeras páginas de ese libro que llevabas tiempo buscando, visitar una librería o una biblioteca, escoger entre centenares o miles de volúmenes diferentes el que, desde ese día te acompañará el resto de tu vida como un buen amigo, tocar la rugosidad o suavidad de su papel,  dedicarle un rinconcito de tu casa donde te esperará hasta que decidas redescubrir sus páginas…

Decía Carl Sagan que un libro es la prueba de que los seres humanos son capaces de hacer magia. Quienes los amamos y disfrutamos de ellos vivimos continuamente esa magia y ese placer incomparable que es tener un buen libro entre las manos.

DIDOT&BODONI

 

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