Uno no tiene que componer. El mundo en sí mismo es una composiciónArno Fischer

 

 

Arno Fischer tuvo sobre sus hombros la ardua tarea de posicionar la fotografía como un género artístico con derecho propio y, sobre todo, con un carácter propio. Trabajó desde el anonimato por darle un espacio respetado a esta profesión que hoy forma parte de la vida de muchos.
De origen berlinés, Arno Fischer pasó parte de su vida a caballo entre la República Democrática y la Federal. Creció con un interés marcado en la escultura,pero, finalmente, decidió decantarse por la fotografía.

Al morir el dictador Stalin en 1953, Arno se trasladó definitivamente a Berlín Oriental y en 1956 empezó a trabajar en la Escuela de Bellas Artes de Weissensee, como profesor adjunto de fotografía de la cátedra de Klaus Wittkugel.
Con este cargo se convierte en ciudadano de la República Democrática Alemana de manera voluntaria, ya que había nacido en Wedding, un barrio obrero del lado occidental de la ciudad. En algún momento Arno mismo afirmó que en Berlín se concentran “los trabajos más importantes de su vida”.

 

Fischer fundó en su ciudad una escuela de fotografía, donde importantes fotógrafos como Helmut Newton y Henri Cartier-Bresson participaron en ocasiones, brindando sus conocimientos a todos los asistentes a través de clases y charlas.
La falta de normalidad y la calma son características esenciales de las fotografías de Arno Fischer. Algunas de ellas pueden parecer haber sido tomadas con premeditación, pero realmente son momentos tan normales que se vuelven espectaculares por el mero hecho de haberlos retratado. De esa manera evocan un aire de melancolía en quien las mira, como si te transportasen a un futuro o como si alguna vez los hubieras vivido.

 

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